Sáb. Jul 13th, 2024

Miami, (EFE).- La inflación en EE.UU., que llegó a un 6,5 % en diciembre pasado, está exacerbando las dificultades de los estadounidenses para acceder a alimentos saludables y, consecuentemente, reduciendo las posibilidades de mantener sano el corazón, un problema que se agrava entre los hispanos por ser un grupo muy afectado por la obesidad y el sobrepeso.

«El costo de los alimentos es un factor que tenemos que tener en cuenta. En un supermercado en Estados Unidos comprar una libra de vegetales, una libra de fruta fresca, es más costoso que comprar una bolsa de dulces o papas fritas», dice a EFE el cardiólogo Carlos González-Lengua, del grupo Cleveland Clinic, que cuenta con hospitales y centros en EE.UU., Canadá, Abu Dabi y Reino Unido.

Este especialista de origen colombiano cree que el encarecimiento de los alimentos afecta «claramente» la salud pública en un país, donde, en general, «no se come saludable».

Según la última encuesta anual realizada por la Clínica Cleveland, publicada en febrero, el Mes del Corazón en EE.UU., un 45 % de los estadounidenses dice comprar comida rápida por lo menos una vez a la semana y más de dos tercios (70 %) preparan comida en casa al menos cuatro veces por semana.

En el caso de los hispanos, el porcentaje de los que consumen comida rápida por lo menos una vez a la semana sube al 51 %, según el sondeo realizado en línea a un millar de personas mayores de 18 años, con submuestras específicas para hispanos, asiáticos y afroamericanos y un nivel de error de más/menos 3 puntos.

El sondeo indica también que son menos los hispanos (63 %) que preparan comidas en casa al menos cuatro días a la semana que el conjunto de la población (70 %).

Para un 46 % de los estadounidenses el mayor obstáculo para una alimentación saludable es el costo de los alimentos que son beneficiosos para la salud, aunque también cuentan la falta de tiempo (23 %) o no saber cocinar esos platos (20 %).

Entre los hispanos las cosas están peor: un 50 % dice que los precios elevados son su principal barrera para acceder a una alimentación sana y un 30 % apunta a la falta de tiempo para acceder a ese tipo de comida.

Además, un 30 % de los latinos admite que estar fuera de forma o no saber cómo empezar les impide hacer ejercicio.

El sedentarismo y la mala alimentación son factores de riesgo para el corazón, como también lo es el consumo de alcohol y/o tabaco, y en todos los casos son hábitos «modificables», subraya el especialista.

Cuando se le pregunta qué escoger si alguien solo puede modificar uno de esos tres aspectos de su vida, responde sin dudar que cambiarse a una dieta saludable, aunque puntualiza que lo ideal para tener el corazón sano es atacar los tres frentes.

Reconoce que es «algo fácil de decir y difícil de hacer» y opina que la mejor manera de motivar a una persona es con educación sobre los riesgos de enfermarse del corazón y las ventajas de «prevenir antes que curar».

«Si la población no viene al médico y no se educa, pues a nosotros nos va a tocar ir a la casa y educarlos», dice.

La encuesta de Cleveland Clinic muestra que hay mucho por hacer en ese terreno: solo un 15 % de los estadounidenses sabe que la dieta mediterránea tiene la mayor evidencia de beneficios para el corazón.

González-Lengua indica que en el caso de los hispanos se añaden «capas y capas al problema», porque, incluso aunque coman en casa y no acudan a restaurantes de comida rápida, «sus comidas tradicionales no son las más saludables» por abundancia de fritos y carbohidratos y muchos desconocen los riesgos que entrañan.

«El Gobierno y la gente de salud tienen que hacer un mayor esfuerzo y educar a esta población, porque es mejor prevenir que curar», concluye. EFE

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